Sentir,
como tormenta eléctrica dentro
de un pensamiento de viento racheado
y empapados los recuerdos de una nube de emoción,
sentir.
Como la frescura de la mañana
de un día que se espera harto ilusionado,
viendo el rojo sol asomando por el horizonte
mientras disfrutas del jugo de tu dulce ambición,
sentir.
Sentir y evocar lo ya sentido.
lunes, 12 de septiembre de 2011
El sueño más irreal
Soñé que aquella bomba en el desierto
abría un pozo de aguas límpidas
para que bebieran niños sedientos
y hacía crecer un hermoso vergel
de abundantes palmeras, frutales y sarmientos.
Un tanque humillaba su falo bárbaro
dejando surcos de vida en la tierra.
Los proyectiles vacíos cual cántaros
en que servir una digna comida.
Los uniformes y cascos como espantapájaros
con esqueletos de fusil de asalto,
sable y mortero bajo las casacas
y adornados con granadas de mano
que el mayor ruido que hiceran, tal vez,
sería al chocar por el viento racheado.
abría un pozo de aguas límpidas
para que bebieran niños sedientos
y hacía crecer un hermoso vergel
de abundantes palmeras, frutales y sarmientos.
Un tanque humillaba su falo bárbaro
dejando surcos de vida en la tierra.
Los proyectiles vacíos cual cántaros
en que servir una digna comida.
Los uniformes y cascos como espantapájaros
con esqueletos de fusil de asalto,
sable y mortero bajo las casacas
y adornados con granadas de mano
que el mayor ruido que hiceran, tal vez,
sería al chocar por el viento racheado.
Nube de sangre y números
Una nube de sangre enturbia los sentimientos
de un pueblo entero;
una nube de sangre de hermano, de amigo,
sangre de uno mismo.
Hay números terribles, números que llenan
de lágrimas los ojos,
esos números que hacen exitosas las obras
de los seres malditos.
Son los números de la guerra y el terror,
de las nubes sangrientas.
*Para Silvia, quizás la única persona que sigue seriamente este mi blog, que ni siquiera yo me lo tomo en serio.
de un pueblo entero;
una nube de sangre de hermano, de amigo,
sangre de uno mismo.
Hay números terribles, números que llenan
de lágrimas los ojos,
esos números que hacen exitosas las obras
de los seres malditos.
Son los números de la guerra y el terror,
de las nubes sangrientas.
*Para Silvia, quizás la única persona que sigue seriamente este mi blog, que ni siquiera yo me lo tomo en serio.
miércoles, 13 de julio de 2011
Bye Die
Hoy que las sombras pasean sin dueño
vamos a ensayar por enésima vez
la certera muerte que nos espera.
Porque muerte es profundo sueño,
también recuerdo y pasado,
de hoy mismo, de ayer, de antaño.
Y el sitio vacío que ayer ocupaba
hoy es muerte porque está yermo.
Ensayemos esta muerte,
que nos quede hermosa la despedida.
vamos a ensayar por enésima vez
la certera muerte que nos espera.
Porque muerte es profundo sueño,
también recuerdo y pasado,
de hoy mismo, de ayer, de antaño.
Y el sitio vacío que ayer ocupaba
hoy es muerte porque está yermo.
Ensayemos esta muerte,
que nos quede hermosa la despedida.
jueves, 13 de enero de 2011
Las hojas
Las hojas cansadas miran al suelo,
su orgullo y su fuerza
han perdido el vigor,
quedándoles tan solo el consuelo
de estar en su altura
aunque sea sin verdor.
Amarillean de tristeza y de tiempo,
pasado de frescos rocíos
recuerdos de vida y sol.
Ya saben que nada es eterno,
y en los nervios el frío
es caída, muerte y dolor.
su orgullo y su fuerza
han perdido el vigor,
quedándoles tan solo el consuelo
de estar en su altura
aunque sea sin verdor.
Amarillean de tristeza y de tiempo,
pasado de frescos rocíos
recuerdos de vida y sol.
Ya saben que nada es eterno,
y en los nervios el frío
es caída, muerte y dolor.
martes, 1 de septiembre de 2009
El triunfo de los malditos
Apesadumbrado
por la inútil preocupación
creada por los medios
comprados;
desbordado
por los acontecimientos
acaecidos en una empresa
de rufianes
capaces
de dejar al pairo
a sus trabajadores
explotados.
Indignado
por los dramas personales
que esa canalla por codicia
va a producir.
Así vivo.
Tenso, agobiado, triste
taciturno, cabreado, insatisfecho.
Así malvivo,
con un pie
en un mundo sin esperanzas
y el otro en un universo carente
de principios.
Atribulado
mi musa me susurra
'Lo que te estás perdiendo.
Se te olvidó vivir'.
Espoleado
por las palabras amargas
del jugo de la verdad
me yergo y grito:
¡Hasta aquí!
¡Ya no más reflexión,
ya no más cavilar!
¡Sea la acción!
Sea la acción,
aun si imprudente y temeraria,
sea perder pero invocando
algún ideal.
Sea huir
de la malicia avarienta
y la podredumbre redorada
para ser pobre.
Sea escupir
en las promesas de los malvados
y las riquezas mal ganadas
de los malditos.
Otra vez
mi musa me sacude para decir
'Ahora que todo perdiste, ahora
ya puedes vivir'
por la inútil preocupación
creada por los medios
comprados;
desbordado
por los acontecimientos
acaecidos en una empresa
de rufianes
capaces
de dejar al pairo
a sus trabajadores
explotados.
Indignado
por los dramas personales
que esa canalla por codicia
va a producir.
Así vivo.
Tenso, agobiado, triste
taciturno, cabreado, insatisfecho.
Así malvivo,
con un pie
en un mundo sin esperanzas
y el otro en un universo carente
de principios.
Atribulado
mi musa me susurra
'Lo que te estás perdiendo.
Se te olvidó vivir'.
Espoleado
por las palabras amargas
del jugo de la verdad
me yergo y grito:
¡Hasta aquí!
¡Ya no más reflexión,
ya no más cavilar!
¡Sea la acción!
Sea la acción,
aun si imprudente y temeraria,
sea perder pero invocando
algún ideal.
Sea huir
de la malicia avarienta
y la podredumbre redorada
para ser pobre.
Sea escupir
en las promesas de los malvados
y las riquezas mal ganadas
de los malditos.
Otra vez
mi musa me sacude para decir
'Ahora que todo perdiste, ahora
ya puedes vivir'
domingo, 24 de mayo de 2009
ISLA
Existe una aldea a los pies
de los titanes cántabros,
bañada por el mar
e invadida del verdor de los castaños,
los helechos, las plantas trepadoras,
el musgo de las rocas
y los caracoles que en las hojas
beben del fresco rocío de la mañana.
Existe una aldea que quiso alejarse
del ruido del hombre,
el ruido de sus máquinas
y sus viles ambiciones,
el ruido de sus insidias
y sus tribulaciones amargas;
esos sonidos chirriantes,
cacofonías delirantes,
patéticos esfuerzos para alejar a la muerte.
Existe una aldea que entiende
su pequeñez y vive de ella
tranquila y humildemente;
en su fértiles suelos crecen
las hortalizas exhuberantes
y el maíz espigado.
Los judiares buscan el cielo
trepando, trepando, por las guías sustentados.
Existe una aldea que no quiero
dejar de visitar para lograr
llenar de hueco real, de paz,
mi alma llena de preocupaciones
tan banales y tan vacías.
Soy un urbanita gris.
Si cualquiera mirara
el paisaje conmigo dentro
se sorprendería por el desafortunado contraste.
de los titanes cántabros,
bañada por el mar
e invadida del verdor de los castaños,
los helechos, las plantas trepadoras,
el musgo de las rocas
y los caracoles que en las hojas
beben del fresco rocío de la mañana.
Existe una aldea que quiso alejarse
del ruido del hombre,
el ruido de sus máquinas
y sus viles ambiciones,
el ruido de sus insidias
y sus tribulaciones amargas;
esos sonidos chirriantes,
cacofonías delirantes,
patéticos esfuerzos para alejar a la muerte.
Existe una aldea que entiende
su pequeñez y vive de ella
tranquila y humildemente;
en su fértiles suelos crecen
las hortalizas exhuberantes
y el maíz espigado.
Los judiares buscan el cielo
trepando, trepando, por las guías sustentados.
Existe una aldea que no quiero
dejar de visitar para lograr
llenar de hueco real, de paz,
mi alma llena de preocupaciones
tan banales y tan vacías.
Soy un urbanita gris.
Si cualquiera mirara
el paisaje conmigo dentro
se sorprendería por el desafortunado contraste.
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